¡Una iluminación más eficiente y atractiva es posible!

Seguro que ya lo habéis notado. Los días son más cortos, las temperaturas empiezan a caer, los árboles pierden sus hojas y nos envuelven de nuevo los tonos ocres y rojizos. La lluvia ya no coge a nadie por sorpresa y, cada vez más, nos apetecen esos momentos bajo una manta en la calidez de nuestras casas. Efectivamente, ha llegado el otoño.

Una de las primeras señales que evidencia el cambio de estación son las horas de luz natural que podemos disfrutar. Entramos en la época del año en que los días son cada vez más cortos y eso, además del cambio horario que comporta, también hace que dependamos mucho más de la iluminación artificial en nuestros espacios habituales.

Las lámparas que utilizamos deberían ser siempre objetos con un valor estético, al fin y al cabo la mayor parte del tiempo van a estar apagadas pero no por ello vamos a dejar de verlas. Son, por lo tanto, elementos decorativos esenciales en el interiorismo. Algunas piezas incluso justifican su razón de ser simplemente por la riqueza de su diseño. Aunque ¿te has planteado alguna vez que la elección que hagamos a la hora de iluminar un espacio también puede ayudarte a ahorrar energía?

Si de algo saben en los países nórdicos, es de noches largas y de buscar siempre la mayor eficiencia energética. Probablemente por eso, a lo largo de las últimas décadas, en Escandinavia han mantenido una forma de distribuir la luz más consciente de su entorno, manteniendo una escala más humana y lógica. Para conseguir la mayor eficiencia tanto funcional como energética es importante saber qué tipo de iluminación se espera de cada punto de luz. La iluminación fría y general de un espacio no solo juega en contra de la propuesta estética al eliminar toda la riqueza que pueden ofrecer las sombras, sino que también puede ser contraproducente para nuestros intereses.

Imaginemos una sala de estar. Tal vez lo primero que se nos ocurriría instalar es una lámpara de techo que ilumine toda la estancia por igual, aunque debemos plantearnos ¿qué tipo de actividades vamos a hacer en esa habitación? Igual lo que más solemos hacer en ese espacio es juntarnos con gente para charlar sentados tomando una copa. En ese caso, más que una iluminación general, tal vez preferimos optar por crear un clima más íntimo y cálido a través de luminarias suspendidas. ¿Vamos a escuchar música o a leer un libro? Entonces quizás preferimos optar por una lámpara de pie o un aplique de pared al lado del sofá o el sillón. Con ello no solo ganamos crear rincones más acogedores, sino que evitamos gastar vatios innecesarios iluminando zonas que no nos interesan.

Una iluminación bien planeada es un valor estético seguro y una forma de mantener la eficiencia energética. 

Si queréis saber más sobre como iluminar un espacio o tenéis alguna duda, recordad que podeís pedirnos asesoramiento escribiendo a info@o-estudio.com o concertando una cita para visitar nuestro showroom

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